La educación parvularia en Chile tiene fortalezas y desafíos. Por una parte, fomenta el desarrollo cognitivo, emocional, físico y social, y reduce desigualdades educativas y socioeconómicas desde una edad temprana. Sin embargo, persisten desigualdades en el acceso entre zonas urbanas y rurales y entre distintos quintiles socioeconómicos (Alarcón et al., 2015). Por último, la calidad varía considerablemente entre instituciones, con brechas en prácticas pedagógicas y formación del personal, especialmente en municipales y rurales (Elige Educar, 2020) y también hay limitaciones en infraestructura y recursos (MINEDUC, 2020). Un análisis de la Universidad del Desarrollo destaca una disminución constante en la matrícula desde 2018, con mayores caídas en zonas urbanas y en instituciones municipales, JUNJI e INTEGRA. En este informe se destacan dos ejes de análisis:
I) Baja reactivación de las matrículas luego de la pandemia
II) Bajo valoración de la educación por parte de los padres
Con el propósito de enfrentar estos desafíos se propone la implementación de políticas integrales que promuevan la coparentalidad, que amplíen la cobertura de la educación parvularia y que reconozcan oficialmente los programas alternativos – como Aprendizaje Al Aire libre – es esencial para enfrentar los desafíos actuales en la educación inicial.