Este reporte de la Universidad del Desarrollo (2025) analiza la relevancia del juego arriesgado en entornos de aprendizaje al aire libre. Su objetivo es promover la integración de desafíos y niveles controlados de incertidumbre en el juego para fomentar el autoconocimiento, la autonomía y la resiliencia en niños y niñas.
El documento destaca que, lejos de ser una práctica temeraria, el juego arriesgado impulsa el desarrollo físico, cognitivo y emocional. Asimismo, advierte sobre los efectos de la sobreprotección, la cual limita el aprendizaje significativo y la capacidad de enfrentar desafíos cotidianos. Finalmente, propone transitar hacia una «cultura del riesgo regulado» que priorice el bienestar integral y la confianza en las capacidades infantiles sobre el miedo al peligro.