El Policy Brief N°40 de la Facultad de Educación UDD analizó las respuestas de 196.593 estudiantes al cuestionario Simce 2025 y concluye que la brecha en inteligencia artificial generativa ya no está en el acceso, sino en la finalidad de uso: en los colegios de mayores ingresos predomina el estudio, mientras que en los de menores ingresos la herramienta ocupa con más frecuencia el lugar de confidente.
El uso de inteligencia artificial generativa (IAG) entre los estudiantes chilenos de II medio es prácticamente universal y multipropósito. Así lo revela el Policy Brief N°40 de la Facultad de Educación de la Universidad del Desarrollo, elaborado por el vicedecano Mauricio Bravo junto a los académicos Brayan Díaz e Isaac Fierro, que analiza por primera vez el bloque sobre IAG incluido en el Cuestionario de Calidad y Contexto del Simce 2025.
El estudio, basado en las respuestas de 196.593 estudiantes, muestra que un 95,4% emplea la IAG con alguna finalidad académica, un 87,9% con fines recreativos y un 79,6% para fines vinculados al cuidado de sí, como pedir consejos o sugerencias sobre ejercicio, alimentación y descanso. Tres de cada cuatro estudiantes la utilizan en las tres dimensiones a la vez.
«El uso de la inteligencia artificial generativa ya está instalado entre nuestros estudiantes y no se limita a las tareas escolares. Un mismo joven le pide que le explique una materia, que le genere una imagen y que lo aconseje sobre un problema personal, todo con la misma herramienta y en el mismo teléfono. Por eso, la pregunta relevante ya no es quién accede a la IA ni si hay que prohibirla, sino para qué la están usando», afirmó Mauricio Bravo, vicedecano de la Facultad de Educación UDD.
De igual manera, uno de los datos más llamativos del informe es el peso del uso socioemocional: un 64,1% de los estudiantes declara haber recurrido alguna vez a la IAG para contar problemas personales y pedir consejos; un 44,1% lo hace al menos una vez al mes y un 19,0%, casi a diario. Además, quienes usan la herramienta con fines de bienestar lo hacen con más intensidad: en el uso casi diario, esta dimensión (27,8%) supera incluso al ocio (25,8%).
Una brecha que cambió de lugar
El hallazgo central del policy brief es que la composición del uso está socialmente estratificada. La proporción de estudiantes que usa la IAG con fines académicos al menos una vez al mes aumenta con el grupo socioeconómico del establecimiento, desde 78,8% en el grupo bajo hasta 87,3% en el alto. El uso para bienestar y acompañamiento sigue la dirección contraria: baja de 62,6% a 50,4%. El ocio, en cambio, se mantiene prácticamente constante, entre 65,2% y 69,0%.
La diferencia se acentúa en el uso más intensivo. En el umbral casi diario, la brecha académica entre los extremos socioeconómicos crece de 8,5 a 12 puntos porcentuales (33,7% frente a 45,7%). El mismo patrón se replica por dependencia administrativa: los colegios particulares pagados presentan el mayor uso académico (87,3%) y el menor uso para bienestar (50,4%), mientras que los establecimientos municipales y de los Servicios Locales de Educación Pública muestran la relación inversa, con cerca de 60,9% de uso para acompañamiento.
«Chile tiene una conectividad muy alta y la IA eliminó barreras técnicas que otras tecnologías nunca lograron superar. Pero cuando el acceso se universaliza, la desigualdad no desaparece: se desplaza hacia las formas de uso. Lo que vemos es que en los colegios de mayores ingresos la IA se especializa como recurso de estudio, mientras que en los de menores ingresos también cumple ese rol, pero con más frecuencia se convierte en el espacio donde el estudiante conversa sobre lo que le preocupa», explicó Bravo.
El vicedecano precisó que esa diferencia, por sí sola, no constituye un problema: «Los estudiantes enfrentan realidades distintas y es razonable que le pidan cosas distintas a la misma herramienta. Lo relevante es que esa diferencia no es azarosa, sigue la posición social del establecimiento. Puede estar reproduciendo una ventaja o compensando una carencia, y esa es una pregunta que tenemos que seguir investigando».
El informe también identifica diferencias dentro de cada dimensión. En lo académico, el uso más extendido no es la corrección de textos (84,9%), sino la comprensión de materias y generación de recursos de estudio (89,9%), que alcanza un 70,1% de uso al menos mensual. Por sexo, las diferencias son menores y se concentran en el ámbito académico, donde las estudiantes superan a sus pares varones en casi cinco puntos (84,6% frente a 79,8%).