La disminución de los nacimientos en Chile comienza a modificar una de las estructuras fundamentales del país: su sistema educativo. Aunque los efectos de la baja natalidad suelen asociarse con el envejecimiento de la población, el mercado laboral y las pensiones, sus consecuencias ya se manifiestan en las salas de clases, donde cada año ingresan generaciones más pequeñas de estudiantes.
De acuerdo con datos del Centro de Estudios del Ministerio de Educación, entre 2020 y 2026 la matrícula escolar pasó de 3.608.158 a 3.467.027 alumnos, considerando desde educación parvularia hasta cuarto medio. Esto representa una pérdida de más de 141 mil estudiantes, tal como consignó El Mercurio.
Los establecimientos particulares subvencionados concentran la mayor disminución, con 87 mil alumnos menos, seguidos por los establecimientos públicos, municipales y de Servicios Locales de Educación Pública (SLEP), con 75 mil. En contraste, el sector particular pagado registró un aumento de 22 mil estudiantes.
(…) A esta preocupación se suma Mauricio Bravo, vicedecano de la Facultad de Educación de la Universidad del Desarrollo, quien explica que el problema radica en que los ingresos de los establecimientos disminuyen, pero sus gastos no lo hacen en la misma proporción. Una escuela necesita mantener profesores, equipos directivos, infraestructura y servicios básicos, incluso cuando tiene menos estudiantes.
Según el académico, esta situación podría generar dificultades financieras especialmente en establecimientos pequeños, rurales o ubicados en comunas con una fuerte disminución de la población infantil. En consecuencia, algunos colegios podrían verse obligados a reorganizar su oferta, fusionar cursos o incluso cerrar.