Señor director:
Las cifras sobre baja fecundidad y deterioro de la salud mental invitan a incorporar una pregunta educativa al debate: ¿qué condiciones estamos ofreciendo para criar, crecer y aprender? Aunque estos datos no permiten establecer una relación causal entre ambos fenómenos, sí justifican una reflexión sobre nuestras prioridades. La preocupación por los niños que podrían nacer debiera traducirse en un compromiso con quienes hoy van a salas cuna, jardines infantiles y escuelas.
Ese compromiso exige educación parvularia de calidad, apoyo a familias y comunidades educativas con tiempo y recursos para acompañar a sus estudiantes. Exige también cuidar a quienes educan: el bienestar de niños y jóvenes difícilmente puede sostenerse sobre el agotamiento de docentes y cuidadores. La educación necesita ocupar un lugar central en esta discusión. Es allí donde el compromiso con las nuevas generaciones puede convertirse en experiencias cotidianas de cuidado, pertenencia y confianza en el futuro.
Si nos preocupa que nazcan menos niños, debiera preocuparnos con igual fuerza cómo viven, aprenden y son acompañados quienes ya nacieron.
Por Armando Rojas Jara
Académico Facultad de Educación UDD
