Un nuevo policy brief del Centro de Investigación para la Mejora de los Aprendizajes (CIMA) de la Facultad de Educación UDD revela que, aunque la proporción de no lectores cayó 17 puntos entre 2017 y 2024, los chilenos siguen leyendo la misma cantidad de libros al año: una mediana de solo tres.
Chile registró un avance histórico en materia de lectura: la proporción de personas que no lee libros descendió del 51,8% en 2017 al 34,9% en 2024, según el más reciente Policy Brief del Centro de Investigación para la Mejora de los Aprendizajes (CIMA) de la Facultad de Educación de la Universidad del Desarrollo (UDD). Sin embargo, el estudio advierte que este crecimiento en el número de lectores no se ha traducido en una mayor profundidad lectora, dejando en evidencia una brecha que la política pública aún no logra resolver.
El análisis, elaborado por la directora de CIMA, Montserrat Cubillos, comparó los datos de la Encuesta Nacional de Participación Cultural (ENPC) 2017 con los de la Encuesta Nacional de Participación Cultural y Comportamiento Lector (ENPCCL) 2024, ambas del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.
Más lectores, pero el mismo volumen de lectura
Según el informe, la frecuencia de lectura también mejoró: quienes leen al menos una vez a la semana subieron del 16,4% al 22,5%, y los lectores diarios pasaron del 14,2% al 16,7%. En términos absolutos, esto implica millones de nuevos lectores incorporados al universo lector chileno en solo siete años.
No obstante, la cantidad de libros leídos por placer se mantiene prácticamente invariable: la mediana es de tres libros tanto en 2017 como en 2024, y el 28,4% de los lectores activos leyó solo un libro durante el último año, una proporción incluso mayor al 24,5% registrado en la primera medición.
«El problema en Chile ya no es la ausencia de lectores; es la incapacidad del sistema para convertir lectores ocasionales en habituales», explicó Cubillos. La investigadora señaló que el crecimiento del universo lector se explica principalmente por la incorporación de lectores muy esporádicos, lo que profundiza la distancia entre acceso y hábito. «Un lector que lee un libro al año obtiene beneficios marginales frente a uno que lee con regularidad. Esa es la brecha que las políticas actuales no están midiendo ni abordando», agregó.
El giro hacia la lectura digital
El estudio también documenta una transformación acelerada del ecosistema lector: la lectura digital casi duplicó su prevalencia, pasando del 25,5% al 42,9% entre los lectores de libros, mientras que el audiolibro se multiplicó por seis, del 1,1% al 6,5%. En paralelo, los lectores exclusivamente en papel cayeron del 73,3% al 55,7%, y los lectores multiplataforma, que combinan papel, formato digital y audio, subieron del 0,6% al 4,1%.
Para Cubillos, este giro digital representa una oportunidad que aún no se está aprovechando del todo. «El aprovechamiento del entorno digital requiere motivación intrínseca y estrategias metacognitivas activas; sin ese sustrato, la oferta digital no mejora los resultados lectores», afirmó.
Recomendaciones para cerrar la brecha
El policy brief plantea que el desafío para el periodo 2025-2030 debe trasladarse desde la promoción del acceso hacia la consolidación del hábito lector, con estrategias diferenciadas según el entorno digital. Entre las recomendaciones, el documento propone incorporar en el Plan Nacional de Lectura 2023-2028 indicadores de profundidad lectora, como libros leídos al año y tiempo de lectura voluntaria, además de desarrollar una estrategia nacional de lectura digital y programas focalizados en lectores ocasionales para acompañar su transición hacia la lectura habitual.
«Chile ha avanzado significativamente en cobertura. El desafío de la próxima década es el hábito», concluyó la directora de CIMA.