Hero Image

Actualidad

El Líbero | Columna de Mauricio Bravo: ¿Debemos continuar, ajustar o detener la reforma de la Nueva Educación Pública? 

Quisiera comenzar planteando una pregunta que hoy atraviesa el debate educacional en Chile: ¿Debemos continuar, ajustar o detener la reforma de la Nueva Educación Pública? Han pasado ya varios años desde que se aprobó la reforma que reemplaza gradualmente la administración municipal de la educación por los Servicios Locales de Educación Pública, los SLEP.

El objetivo era claro: fortalecer la educación pública. Sin embargo, la implementación ha estado marcada por múltiples dificultades: problemas de gestión, tensiones administrativas, conflictos laborales y resultados educativos que, en algunos casos, todavía no muestran mejoras claras. Frente a este escenario, el debate público muchas veces se ha planteado como una dicotomía: SLEP versus municipios.

Pero creo que esa es una forma equivocada de plantear la discusión. Porque la evidencia educativa muestra algo muy claro: lo que realmente impacta en los aprendizajes no es solo quién administra el sistema, sino el tipo de liderazgo educativo que se ejerce sobre las escuelas. La investigación internacional es bastante consistente en este punto.

Un influyente estudio de Kenneth Leithwood, que analizó más de treinta investigaciones sobre distritos escolares que logran mejorar los aprendizajes, concluye que los sistemas educativos más efectivos comparten ciertas características. Entre ellas destacan: un foco claro en el aprendizaje de los estudiantes; liderazgo instruccional fuerte desde el nivel intermedio; uso sistemático de evidencia y datos para mejorar la enseñanza; desarrollo profesional continuo de docentes y directivos; una alineación coherente entre currículo, evaluación y prácticas pedagógicas. En otras palabras, los sistemas que mejoran los aprendizajes son aquellos donde el sostenedor —sea cual sea su forma institucional— lidera activamente la mejora de la enseñanza.

Por eso, el punto central del debate no es simplemente quién administra la educación, sino qué tipo de liderazgo educativo ejerce ese sostenedor sobre sus escuelas. Si miramos la experiencia chilena antes de la reforma, encontramos una realidad más diversa de lo que muchas veces se reconoce. Efectivamente existían municipios con dificultades importantes. Pero también había municipios con resultados educativos muy positivos.

El análisis de resultados SIMCE muestra que comunas como Las Condes, Providencia, pero también San Nicolás, San Rosendo, Castro y San Pedro de Atacama, entre otras, registraban resultados por sobre el promedio nacional. Además, antes de la reforma existían más de cien establecimientos municipales que superaban el promedio de los colegios particulares subvencionados y 13 de ellos superaban el promedio de colegios particulares pagados. Esto muestra algo importante: El sistema municipal no era homogéneo. Existían comunas donde el liderazgo educativo y la gestión escolar estaban funcionando bien. Y eso nos obliga a una reflexión importante: si había capacidades instaladas en algunas comunas, la reforma debía fortalecer esas capacidades, no necesariamente reemplazarlas completamente.

Un caso muy ilustrativo de esta idea son los Liceos Bicentenario de Excelencia. Muchos de estos establecimientos atienden estudiantes de contextos altamente vulnerables y, sin embargo, han logrado resultados académicos muy destacados. Lo interesante es que estos liceos existen en distintas dependencias: Municipales, SLEP, Particulares subvencionados. Es decir, no dependen de un solo tipo de sostenedor.

Lo que comparten es otra cosa: una cultura institucional basada en liderazgo pedagógico, altas expectativas, orden institucional y apoyo sistemático a los docentes. Esto muestra con mucha claridad algo fundamental: los buenos resultados no dependen únicamente del tipo de sostenedor, sino del tipo de liderazgo educativo que se ejerce sobre las escuelas.

Desde la Facultad de Educación de la Universidad del Desarrollo analizamos la implementación de los SLEP utilizando un enfoque de complejidad territorial. La premisa es simple: no todas las comunas o regiones enfrentan los mismos desafíos educativos, por lo que aplicar exactamente el mismo modelo de implementación puede generar problemas. Para este análisis utilizamos siete variables clave del sistema escolar: tamaño promedio de matrícula por establecimiento, asistencia,  resultados SIMCE, rotación docente, vulnerabilidad, deserción escolar y nivel de ruralidad.

A partir de estas variables identificamos tres niveles de complejidad territorial: Territorios de alta complejidad, que concentran mayores desafíos educativos y de gestión, Territorios de complejidad intermedia, que requieren apoyos específicos, Territorios de menor complejidad, donde las condiciones institucionales son relativamente más favorables. La conclusión es clara: si los territorios son distintos en su complejidad, la política pública también debe ser diferenciada.

A partir de este análisis, creemos que es necesario avanzar en al menos cinco orientaciones. Primero, superar la falsa dicotomía entre municipios y SLEP, y concentrar la discusión en la calidad del liderazgo educativo y su impacto en los aprendizajes.

Segundo, reconocer la diversidad territorial del sistema escolar, adaptando las estrategias de implementación según el nivel de complejidad de cada territorio. Políticas educativas focalizadas. Tercero, fortalecer el liderazgo intermedio, es decir, la capacidad de los sostenedores para apoyar pedagógicamente a las escuelas. Sea este un Municipio o un SLEP. Cuarto, invertir sistemáticamente en desarrollo profesional de directivos y docentes, porque el cambio educativo ocurre finalmente en la sala de clases. Y quinto, aprender de las experiencias exitosas que ya existen en el sistema, como las escuelas efectivas y los Liceos Bicentenario.

Permítanme cerrar con una reflexión final. El debate sobre la reforma educativa muchas veces se ha planteado como una discusión institucional: SLEP o municipios. Pero la evidencia nacional e internacional sugiere que la pregunta más importante es otra: ¿qué tipo de liderazgo educativo están ejerciendo los sostenedores sobre sus escuelas? Porque lo que realmente transforma los sistemas educativos no es el cambio de estructura administrativa. Lo que transforma los sistemas educativos es la capacidad de liderazgo para mejorar la enseñanza. Y cuando ese liderazgo logra impactar en las prácticas pedagógicas de los docentes, ocurre lo más importante: mejoran los aprendizajes y el desarrollo integral de los estudiantes. Así, es perfectamente razonable un sistema de educación pública mixto, donde coexistan SLEP con Municipios bajo una gobernanza común, ambos con liderazgo y foco en los aprendizajes.

Mauricio Bravo
Vicedecano Educación UDD

Leer columna en El Líbero