¿Cómo podemos formar niños más felices?

 

Alejandra Cheyre
Coordinadora de práctica
Pedagogía en Educación Básica con mención Inglés y
Programa de Formación Pedagógica
mariacheyre@udd.cl

 

Considerando los eventos que han ocurrido en los últimos meses en nuestro país, siento el gran desafío de comprender cómo logramos formar individuos que contribuyan a una sociedad de bienestar equitativa y justa. Para esto creo que es necesario entender desde el punto de vista sociológico, psicológico y biológico lo que hoy por hoy se entiende por felicidad y bienestar. Es así como llegué al último libro del Dr. Ricardo Capponi llamado “Felicidad Sólida”.

Tal como él señala en sus primeras líneas, éste no se trata de un libro de autoayuda, no entrega tips ni consejos prácticos para ser felices. Por el contrario, advierte que se trata de un camino largo y difícil.

¿Qué entiende el autor por felicidad?

Comienza señalando que la felicidad es mal entendida como alegría, bienestar, algo placentero y agradable; en cambio, la felicidad es un estado mental que se produce a partir del núcleo mente-cuerpo, en donde se encuentran muchos tipos de felicidad, que se diferencian en su calidad a partir de su contribución a un funcionamiento mental expansivo, creativo, vinculante, estable y vital.

Evolutivamente hablando, una vez que nuestra especie logró sobrevivir a condiciones precarias por escasez de alimentos, enfermedades incurables y alta mortalidad infantil, el ser humano comenzó a enfocarse en generar riqueza material, principalmente a partir de la Revolución Industrial. Así, las sociedades comenzaron a organizarse y girar en torno a la generación de bienes que –en teoría– entregarían mayor bienestar y satisfacción con la vida.

A partir de entonces, se piensa que a mayor recursos materiales, mayores índices de felicidad. Sin embargo, esta falacia nos ha conducido a generar y promover una sociedad de consumo que ha pasado por alto los elementos centrales que dan un sustento claro de cómo lograr felicidad o satisfacción por la vida.

Recomiendo firmemente que quien quiera profundizar con una mirada completa y rigurosa sobre este tema, lea el libro. Pero por mientras, comparto algunas reflexiones sobre cómo podemos formar y educar a niños felices (en el sentido estricto del concepto acuñado por Capponi) y cómo nuestro quehacer docente puede contribuir a aquello:

  • La felicidad no se trata únicamente de sentir emociones positivas, sino que depende de la capacidad de enfrentar los desafíos (emociones negativas) a través de los Recursos Mentales que se construyen a lo largo de la vida, a partir de la experiencia y de los adultos que ayudan a entregar significado a las emociones. El uso del lenguaje, la imaginación y el desarrollo de símbolos contribuyen a lo anterior.
  • Sujetos felices son aquellos que cultivan relaciones interpersonales duraderas y de calidad. Es decir, debemos contribuir a que los niños creen relaciones afectivas y de amistad presenciales (no virtuales), recíprocas y estables. El juego y el cuidado del tiempo libre son un buen vehículo para lograrlo.
  • Los adultos felices son aquellos que también cultivan el ocio, y por ello es relevante que los niños desarrollen múltiples intereses para que descubran sus propias habilidades.
  • La felicidad no solamente está en el placer, sino que también se encuentra en aquello difícil, que constituye un desafío y que cuesta alcanzar. Por ello, profesores deben fomentar el grit o perseverancia y la motivación intrínseca en sus alumnos, enfatizando que el placer no solamente se encuentra en lograr alcanzar un objetivo, sino en el camino transitado.
  • La escuela como institución es un lugar clave para desarrollar capital social, el cual contribuye a la felicidad. Constituye una bisagra entre el individuo y la sociedad, en que la familia debe tener un rol clave como formadores en la vida afectiva y emocional de sus hijos.
Capponi, R (2019). Felicidad Sólida. Sobre la construcción de una felicidad perdurable. Santiago de Chile: Zig-Zag.