El estudio de Mauricio Bravo e Isaac Fierro, presentado en un seminario inaugurado por la ministra de Educación, María Paz Arzola, muestra que la segregación escolar bajó hasta un 33% desde 2008, impulsada principalmente por el aumento de la escolaridad de los padres, en un proceso que comenzó antes de la Ley de Inclusión y del Sistema de Admisión Escolar.
La segregación escolar en Chile disminuyó de manera significativa en las últimas dos décadas, pero no por las razones que suelen suponerse. Así lo plantea el estudio «¿Cómo bajó la segregación escolar en Chile? Tendencias sociodemográficas e intergeneracionales en el sistema escolar», elaborado por Mauricio Bravo, vicedecano de la Facultad de Educación de la UDD, e Isaac Fierro, académico de la Facultad de Gobierno UDD, y presentado el 29 de octubre en un seminario organizado por la Facultad de Educación. La instancia contó con los comentarios de los economistas Claudio Sapelli, investigador de Faro UDD, y Carolina Flores, ex jefa de estudios de la Agencia de Calidad de la Educación y académica de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
En la apertura, la ministra de Educación, María Paz Arzola, destacó el aporte del estudio a la discusión sobre políticas públicas. «Lo que este estudio nos indica es que pareciera que lo que más ha contribuido a reducir la segregación socioeconómica del sistema escolar son políticas que no necesariamente tuvieron ese objetivo como uno de sus propósitos principales. Eso debiera hacernos reflexionar e invitarnos a pensar de modo mucho más riguroso los cambios que se pretenden introducir en nuestro sistema», afirmó.
Una caída que comenzó antes de las reformas
A partir de las bases Simce de 4° básico y II medio entre 2001 y 2025, complementadas con datos de la Casen y del Sistema de Admisión Escolar, los autores midieron la segregación según el nivel educacional de los padres. Los resultados muestran que, desde 2008, esta disminuyó un 33% en 4° básico y un 28% en II medio, una tendencia que se confirma con distintos indicadores.
«Varios estudios confirman que la segregación escolar bajó. Nosotros nos quisimos preguntar cómo se compone esa disminución, para entender mejor el fenómeno y poder diseñar mejores políticas públicas», explicó Mauricio Bravo. El vicedecano precisó que el quiebre de la tendencia se produjo en 2013 en II medio y en 2014 en 4° básico: «Es un fenómeno que ya venía de antes y que ocurre antes de la Ley de Inclusión y de la implementación total del Sistema de Admisión Escolar».
El principal factor es el aumento de la escolaridad de los padres, que explica el 58% de la caída en 4° básico y el 74% en II medio. Le siguen una distribución más equilibrada de las familias entre comunas y una mayor convergencia en la composición de los colegios dentro de una misma comuna. El avance es especialmente visible en los sectores de menores ingresos: en el grupo socioeconómico bajo, los padres con título universitario pasaron de 1% en 2008 a 8% en 2025, mientras que quienes no completaron la enseñanza media bajaron de 77% a 33%.
Isaac Fierro explicó que este proceso responde a políticas de largo plazo, como la Jornada Escolar Completa, la enseñanza media obligatoria y la expansión de la educación superior, y que ha dado origen a un nuevo perfil de apoderado universitario: un 41% estudió en universidades privadas fuera del Consejo de Rectores. A ello se suman las familias universitarias extranjeras, que hoy representan cerca del 19% de las familias universitarias de 4° básico y que se han integrado en mayor medida a la educación pública y a escuelas con menor presencia de padres universitarios. «Estos padres, aun teniendo el mismo grado académico, no deciden igual que la familia chilena», señaló.
El único factor que operó en sentido contrario fue el crecimiento de un 25% en la matrícula particular pagada. Entre 2016 y 2019, 141 colegios pasaron de particular subvencionado a particular pagado. «No queremos decir que haya causalidad, pero al menos esto frenó el proceso de desegregación, muy en contra de lo que era el espíritu de la Ley de Inclusión», sostuvo Fierro, quien llamó a evaluar políticas con horizontes largos y a renovar las categorías de análisis: «Vulnerable o no vulnerable, público o privado, chileno o migrante ya no basta. El sistema se volvió más diverso y eso nos entrega grandes desafíos para comprender el sistema educativo chileno».
Dos miradas sobre los resultados
Carolina Flores valoró el estudio como un aporte robusto y novedoso, considerando que pocos países han logrado reducir la segregación, y planteó que obliga a remirar el problema desde lo sustantivo: «En una sociedad que ha cambiado, la naturaleza de la desventaja es diferente. Si al final todos están educados, el problema de la segregación desaparece. Pero la pregunta es si realmente desaparece o si existen otros tipos de desventaja que no estamos mirando ni midiendo». Sobre la Ley de Inclusión, propuso como hipótesis que su efecto ha sido «contrapesar las tendencias autosegregadoras de las familias».
Claudio Sapelli, por su parte, destacó que el estudio muestra «de forma bien convincente» una caída sustancial de la segregación, aunque interpretó el aporte de la inmigración —especialmente la venezolana— como un shock exógeno, cuya permanencia está por verse si los ingresos de esas familias convergen con el tiempo. Además, llamó a discutir en qué casos la segregación es positiva o negativa para el aprendizaje. «Creer que disminuyendo la segregación per se vamos a lograr algo me parece un error. Tenemos que entender el proceso mucho mejor antes de saber si lo que estamos haciendo está bien o no», afirmó.