Trastorno de Déficit Atencional y su abordaje desde la escuela

Magdalena VialeByN

Magdalena Viale Villa
Docente Facultad de Educación UDD
m.viale@udd.cl

Con frecuencia se escucha a profesores decir que tienen en sus salas niñas y niños inquietos, con dificultades para seguir el ritmo de la clase, que interrumpen el desarrollo de las actividades y que molestan a sus compañeros imposibilitando el cumplimiento de los aprendizajes esperados.

El Trastorno de Déficit Atencional es, sin duda, uno de los trastornos más frecuentes en la población infantil y uno de los principales motivos de consulta. En Chile, ha habido un alarmante aumento de este diagnóstico y de prescripción de fármacos en edades cada vez más tempranas, convirtiéndolo en un tema de gran importancia para la salud pública y la educación. El desconocimiento o la falta de información de los docentes frente a esto, se traduce en escasos elementos para poder intervenir de forma adecuada.

El Trastorno de Déficit Atencional es un trastorno de inicio temprano, que surge en los primeros 7 años de la niñez y se caracteriza por 3 grandes síntomas nucleares: inatención (falta de atención, dificultades para concentrarse), hiperactividad (inquietud o movimiento constante) e impulsividad (dificultad para pensar las cosas antes de actuar, falta de control). Si bien su comienzo es temprano, los síntomas se reconocen una vez que el niño/a inicia su educación formal.  Ahora la escuela le demanda un comportamiento más estructurado y períodos más prolongados de atención y concentración que, aunque adecuados a su edad, el niño tiene dificultades para lograr.

Aunque las manifestaciones varían de un niño a otro dependiendo del género, edad, características personales o ambientales, las siguientes son algunas de las conductas más frecuentes:

  • Corto tiempo de atención a un determinado estímulo, situación o tarea, con susceptibilidad a distraerse frente a cualquier otro estímulo que esté a su alrededor.
  • Hiperactividad, inquietud manifestada por un alto nivel de energía, dificultad para permanecer tranquilos y una verbalización excesiva, en tono de voz muy alto.
  • Dificultad para seguir instrucciones.
  • Acciones precipitadas para alcanzar algo, sin evaluar las consecuencias.
  • Conductas impulsivas tanto en lo corporal, como en lo emocional y verbal.

La escuela es la primera instancia formal donde los niños manifiestan sus potencialidades y también sus dificultades. El desarrollo de las potencialidades y la evolución de las dificultades, dependerá en gran medida de lo que la escuela sea capaz de ofrecer. Ahora, ¿están preparadas las escuelas para trabajar frente a estas dificultades? Esta pregunta invita a visibilizar las diversas barreras para el aprendizaje que experimentan los niños con Déficit Atencional, no sólo a partir de sus dificultades individuales (dificultades para participar y aprender junto a sus compañeros), sino también desde aquellas que tienen relación con el contexto escolar (ofrecer respuestas acogedoras e inclusivas).

¿Genera la escuela oportunidades de participación y de aprendizaje para estos alumnos?

La respuesta no la sabemos. Habrá escuelas que sí y otras que no. Lo que sí está claro es que el principal desafío es ofrecer un ambiente con tal calidad de respuestas, que las conductas de inatención, hiperactividad e impulsividad no se traduzcan en otros trastornos mayores que aumenten la dificultad de adaptación social y escolar. Por lo tanto, reconocer oportunamente las dificultades es fundamental para planificar respuestas educativas para el grupo tomando en cuenta las necesidades individuales de cada niño en particular y, a partir de esto, proporcionar los apoyos, los tiempos, los espacios que aseguren el aprendizaje y participación de todos. Es decir, una escuela que brinde oportunidades de aprendizaje y participación en un contexto de valoración de la individualidad de cada persona. Una institución educativa con orientación inclusiva, que gestione la vida de la escuela con criterios de apertura, flexibilidad, creatividad y participación como criterio básico en la comprensión y búsqueda de mejores estrategias para trabajar con niños con NEE, como lo es el TDAH.

El TDAH no debe usarse como excusa para “no hacer”, sino todo lo contrario, es la razón para “hacer algo”.

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