El desarrollo de la autonomía como núcleo del Sistema Educativo Finlandés

Alejandra Cheyre

Alejandra Cheyre
Coordinadora de Prácticas
Pedagogía en Educación Básica y Programa de Formación Pedagógica

Desde comienzos de la década del 2000, Finlandia sobresale y destaca como uno de los países con mejores resultados educativos a nivel mundial. Los resultados en pruebas como PISA y TIMSS son evidencia de lo anterior.

Cuando vemos sistemas educativos como el finlandés, cabe preguntarse ¿y dónde está la clave? ¿Cuál será el “secreto” de este sistema cuyos resultados sobresalen a la media de los países de la OCDE? Lamentablemente, no existe una respuesta única… o tal vez, no existe respuesta alguna.

Para quienes trabajan desde las políticas públicas, es probable que la respuesta la encuentren en el presupuesto destinado a educación, la autonomía municipal y la flexibilidad curricular que tienen. Aquellos que representan al cuerpo docente, podrían focalizarse en las altas remuneraciones que los profesores tienen, y el valor social que tiene la docencia.

Para Finlandia, el núcleo de su sistema educativo está en el desarrollo de la autonomía, ¿de quién? De todos los actores del sistema; autonomía de los niños como promotores de su proceso de aprendizaje, autonomía de los docentes, que en la sala de clases saben lo que tienen que hacer y cómo hacerlo, autonomía de los Directores que pueden liderar sus equipos, y autonomía de los Municipios para promover un currículo acorde a sus necesidades.

Para profundizar en esto, es interesante hacer un especial acercamiento y ver cómo se entiende y  observa la autonomía de los niños en la sala de clases. Deci y Ryan (1987 citado en Stefanou, 2004) definen autonomía como la “acción que es elegida”, ampliando la definición a todo aquel ámbito en que los niños y adultos pueden optar por una opción frente a diversas alternativas presentadas por un tercero. Trasladando esto a una sala de clase, se observa la autonomía en un estudiante cuando éste elige o decide hacer frente a las solicitudes o alternativas provistas por su profesor.

Sin embargo, Stefanou y sus colaboradores (2004) señalan que se pueden observar tres tipos de autonomía en el contexto escolar; a) autonomía organizacional, que contempla las decisiones que los alumnos pueden tomar en función del ambiente físico en que trabajan, b) autonomía procedimental, observada en aquellos casos en que los niños pueden elegir la manera de presentar sus ideas, y c) autonomía cognitiva, que dice relación con la manera en que los profesores fomentan en sus estudiantes la justificación o argumentación de sus respuestas, abriendo la alternativa a que ellos busquen el procedimiento mental para llegar a la solución a un problema presentado, a hacer visible el pensamiento de los niños e invitándolos a evaluar (o autoevaluar) sus propios procesos y resultados. En el desarrollo de la autonomía cognitiva, es clave el rol mediador y el andamiaje focalizado que realiza el profesor, fomentando el trabajo metacognitivo en los estudiantes, el cual debe estar acompañado de un adecuado feedback.

En Finlandia, la responsabilidad de los aprendizajes está puesto en los estudiantes, con un énfasis en el auto direccionamiento y autorregulación.  Esto implica que el docente debe promover estas habilidades, mediante el desarrollo de metodologías que desarrollen niveles superiores de pensamiento, y lo que ellos mismos llaman “aprender a aprender”. Es acá donde los niños finlandeses se diferencian del resto; en la capacidad que tienen para empoderarse en su rol de estudiantes activos, ávidos por buscar respuestas a los desafíos que se les plantean, con confianza en sus propias capacidades, y con un fuerte desarrollo del trabajo colaborativo con los compañeros.

Desde la formación inicial docente, este es nuestro principal desafío; formar profesores que sean promotores activos del proceso de desarrollo/aprendizaje de los niños, contemplando que el desarrollo de la autonomía contempla involucrar a los niños en su propio proceso, conocer cuáles son sus capacidades y desde ahí desafiarlos intelectualmente. Esto implica tener profesores innovadores, pero también autónomos, que puedan tomar riesgos e inviten a los niños a ir más allá de sus capacidades, buscando e intencionando un aprendizaje profundo en cada uno de ellos.

Referencias bibliográficas
Stefanou, C. R., Perencevich, K. C., DiCintio, M., & Turner, J. C. (2004). Supporting autonomy in the classroom: Ways teachers encourage student decision making and ownership. Educational Psychologist39(2), 97-110.

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