Gratuidad en la Educación Superior y su efecto en el perfil de salida de los estudiantes

Si bien es cierto que existe bastante acuerdo en disminuir las barreras de acceso a la educación superior a los jóvenes de los quintiles más vulnerables, poco se habla de las condiciones que es preciso disponer para que las diferencias de entrada dejen de serlo a la salida de la formación terciaria de estos jóvenes. Poco sabemos de cómo las universidades en general, y especialmente las tradicionales, que se postulan como las beneficiarias de este ingreso, están organizando sus proyectos formativos para asegurar la empleabilidad de este grupo de jóvenes.

Si bien los procesos de acreditación dan garantía de seriedad y consolidación de las instituciones de educación superior, no se tiene información significativa respecto de la empleabilidad de los jóvenes egresados, que refleje el resultado de la formación, distinguiendo los factores relativos a las redes sociales que los han acompañado en su trayectoria vital. Asimismo, también es importante considerar el entorno incierto, rápidamente cambiante que enfrentamos como sociedad, y cómo estos jóvenes adquieren no sólo conocimientos teóricos y técnicos, sino cómo las universidades están realizando diseños formativos para el desarrollo de habilidades propias del sí mismo, como lo son la autorregulación, autoconciencia, capacidad para reflexionar en y sobre sus acciones, aprender de ello y transformar su mundo interpretativo aumentando sus posibilidades de adaptación, innovación y resiliencia; todo esto sumado a competencias relacionales, fundamentales para la colaboración, co-construcción colectiva de nuevas estrategias de acción, que favorezcan respuestas pertinentes y efectivas por parte de los equipos de trabajo, así como, resignificar el sentido del poder, focalizado en la efectividad en pos del bienestar colectivo, en la perspectiva de una ecología social.

Los proyectos formativos clásicos han contemplado un fuerte desarrollo de la razón epistémica y la razón experiencial, que dan lugar a la construcción de modelos teórico-conceptuales que sustentan la praxis. Sin embargo hasta hoy, la razón sensible no ha tenido espacio en los procesos formativos, siendo que se vislumbra como necesaria para desarrollar estas competencias, hasta ahora llamadas “blandas”.

A propósito de este vacío, y la necesidad de desarrollar y fortalecer estas competencias para abordar, liderar e innovar en un entorno complejo e incierto, no solo del mundo de los negocios sino que del mundo político, social y cultural en que estamos inmersos, el ingeniero y filósofo Fernando Flores, en entrevista a la revista Capital, señala la importancia que hoy tiene la emocionalidad, la sensibilidad, la resiliencia o preparación emocional que nos saque de la tendencia a las respuestas rápidas y no reflexivas, el saber escuchar las inquietudes del otro y acogerlas en el espacio dialógico, para generar nuevas e innovadoras posibilidades para atenderlas o re significarlas, y el establecimiento de compromisos mutuos en la búsqueda de oportunidades.

La incorporación de este núcleo sensible en la formación profesional, dará garantías para el desarrollo de una nueva cultura, consciente de la interdependencia sistémica y por tanto comprometida con el bienestar, equidad y sustentabilidad, personal, social y ecológica. Así las declaraciones, a propósito de la gratuidad, del Rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi, “la educación universitaria gratuita promueve personas comprometidas y agradecidas con el conjunto de la sociedad y con valores de cohesión, ayuda recíproca y generosidad”. Asimismo, el Rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Ignacio Sánchez, declara que “el sentido de la educación superior es favorecer el crecimiento y desarrollo integral de los jóvenes, aprender a convivir en sociedad, junto a la generación de nuevos conocimientos en todas las áreas del saber. Así también, el compromiso y servicio con la sociedad es parte integral de la misión universitaria”.  Es de esperar que estas declaraciones puedan ser constatadas en los egresados de la educación superior, asegurando empleabilidad no dependiente de los vínculos de origen, sino que de su despliegue de sensibilidad para escuchar y atender las inquietudes de los entornos en los cuales se desenvuelven, y su capacidad para establecer conversaciones y diálogos generativos de innovación, transformación y alternativas complejas de acción.

Pilar Torres
Directora Postgrado
mariapilartorres@udd.cl

Referencias bibliográficas:
http://www.capital.cl/poder/2011/06/28/170625-se-buscan-gerentes-humanistas
http://www.brunner.cl/?p=12232
http://www.elmercurio.com/blogs/2015/05/16/31841/Gratuidad-en-educacion-superior.aspx

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